Apuntes literarios

Anne Rice o cómo hacer un caldo con la gallina de los huevos de oro

  El título de este artículo puede llevar a engaño. Es cierto que voy a criticar una faceta de Anne Rice que ha acabado minusvalorando mucho su obra y me ha defraudado profundamente, al igual que sé que ha defraudado a otros muchos lectores; pero no es posible defraudar si no se han generado expectativas, y esto es algo que la escritora ha hecho durante mucho tiempo.

Anne Rice es un ejemplo para cualquier escritor que busque el éxito; primero nos enseña cómo reunir ciertas claves para hacer que un libro resulte apasionante y después  nos muestra qué es lo que no se debe hacer con el éxito. Su obra, descartando algunos libros que escribió anteriormente sin ningún valor, se divide entre sus crónicas vampíricas, su saga de las brujas de Mayfair y algunas novelas sin secuelas.

  Entre estas últimas están:

  La fiesta de todos los santos, Un grito al cielo, La momia (o Ramsés el maldito), El sirviente de los huesos, Violín y Angel Time.

En las que destacan El sirviente de los huesos por su estilo correcto y originalidad y

Violín por su falta absoluta de calidad y de argumento.

  La saga de las brujas de Mayfair consta de los libros: La hora de las brujas, La voz del  diabo y Taltos.

  El estilo literario de estas obras está al nivel del de Noah Gordon, es decir; mediocre. Pero no consigue captar más que en algunos momentos, el interés, con un argumento falto de talento y pobre, campos en los que Noah Gordon obtiene su ventaja literaria.

Por lo tanto son estas, unas obras sin interés. Si nos quedáramos aquí no habría nada que decir acerca de la autora en esta revista, nada que recomendar ni nada que leer, pero ahora vine lo mejor de esta escritora tan irregular:

  Las crónicas vampíricas.

  En un primer periodo escribió:

  Entrevista con el vampiro, Lestat el vampiro, La reina de los condenados, El ladrón de cuerpos y Memnoch el diablo.

 

  En Entrevista con el vampiro nos asombró con la tragedia de un joven romántico llamado Louis, que fue arrastrado al oscuro mundo de los bebedores de sangre por un diablo llamado Lestat, y nos narra, cómo un ser compasivo y sentimental como él lucha contra los nuevos instintos que en él afloran. La trágica lucha con su demonio interior y con  Lestat, que representa todas aquellas nuevas facetas a las que se enfrenta; su inmersión en

una sociedad vampírica que detesta y su desconsuelo ante la pérdida de la joven Claudia, un auténtico demonio de perversidad, ya que no habiéndose formado como ser humano, la naturaleza vampírica había obrado en ella convirtiéndola en un ser mezquino y sin compasión.

  Este libro fue un éxito de ventas y fue llevado a la gran pantalla. Anne Rice que hasta entonces tan sólo había escrito libros sin éxito, vio en él la oportunidad de sacar un gran partido y comenzó a escribir la segunda entrega de las crónicas vampíricas. Esto habría supuesto para cualquiera la perdición, puesto que la obra no había sido diseñada para soportar una nueva historia y una segunda entrega sólo podía ser repetitiva o destruir la primera. Estamos acostumbrados a ver cómo segundas obras desmerecen el gran trabajo que se invirtió en las primeras, que debieron ser únicas.

Pero Anne Rice nos sorprendió de nuevo con Lestat el vampiro. Desafió la perspectiva de fracaso y tuvo éxito con una nueva novela original que esta vez dejaba abierta a una continuación.

 

  Para diseñar la segunda entrega escogió como protagonista a Lestat, lo cual fue un acierto, porque el bueno de Louis era un personaje demasiado uniforme y entero como para desarrollar una saga con él. Habría resultado predecible y aburrido.

  Necesitaba lavar la imagen de Lestat. No podía presentarlo como el malvado demonio que fue en la primera obra, ya que entraría en una contradicción con sus propias palabras, pero dado el guión argumentativo que había escogido para la primera obra; (el escrito del libro son las palabras que Louis dice a un periodista, y el libro en sí mismo lo escribe el periodista), pudo cambiar todo cuanto dijo a nivel moral sin contradecirse realmente.

  En Lestat el vampiro es Lestat quién escribe el libro, y lo hace indignado ante el libro que ha leído, pues, nos explica, son todo mentiras. Nos narra su historia, desde la edad media hasta el momento actual. En esta obra vemos un nuevo aspecto de la tragedia del ser humano que deja de serlo para convertirse en vampiro. No acentúa, como en el primer libro, la lucha contra una naturaleza ajena a él y maligna que le devora. Al contrario, Lestat se familiariza pronto con ella y establece su propio pretexto filosófico acerca del mal; necesita alimentarse, pero salvo jugosas excepciones solo se alimenta de malhechores.

  El drama del vampiro en esta entrega se centra en su papel en el mundo, ¿cómo vivir en la sociedad estando por definición fuera de ella o cómo vivir ajeno a la sociedad sin convertirse en un monstruo? Y en la pérdida de los seres queridos que inevitablemente envejecerán y fallecerán ante nosotros y los cambios profundos en la sociedad que sufre alguien con una longevidad excesiva. Nos narra cómo a veces, derrotado, se entierra durante generaciones para volver a un mundo nuevo y ajeno y sentirse como recién

nacido en él.

 

  A Lestat el vampiro sigue otro merecido éxito: La reina de los condenados.

¿Cuál es el origen de los vampiros? En esta obra nos muestra la mitología vampírica, datada en el antiguo Egipto, y nos narra cómo la madre de los vampiros permanece inmutable como una estatua y cómo es custodiada con celo por Marius, pues si fuera destruida, su sangre inmortal, que es la misma que comparten todos los vampiros se corrompería y los destruiría a todos. Pero, ¿qué ocurriría si la gran madre despertara y quisiera destruir a todos los vampiros y establecer un nuevo orden mundial? ¿Afectar a la sociedad y convertirse de nuevo en reina y dominar a los humanos?

Lestat y el resto de vampiros deberán destruirla, pero, ¿cómo hacerlo si su destrucción significa la destrucción de todos?

 

  Parece que las crónicas vampíricas habrían debido tener su fin aquí. Al menos la historia estaba concluida y se había resuelto bien, pero Anne Rice aún nos sorprendería con dos nuevas novelas y dos nuevos enfoques desde donde examinar la naturaleza vampírica. Así llega otro merecido éxito: El ladrón de cuerpos. Lestat ha vivido durante siglos ansiando

recuperar su condición humana. Ha exaltado hasta el extremo todas aquellas facetas que compartimos y que él no puede llevar a cabo, hasta los más sencillos actos como el comer.

  Un día alguien le hará una propuesta singular. Es el ladrón de cuerpos; otro ser que camina hacia la inmortalidad pero de una manera distinta; invade con su espíritu los cuerpos jóvenes de sus víctimas y vive la vida que les tocaba vivir a ellos, pero cada cambio de cuerpo transfigura su vida completamente y ansía la naturaleza vampírica, que perpetuaría su existencia sin necesidad de tomarse tanto trabajo.

  Lestat accede a cambiar sus cuerpos durante el plazo de una semana, pero será engañado y ahora, el ladrón de cuerpos, desde su poderoso cuerpo de vampiro será casi invencible.

Lestat necesitará de sus amigos vampiros y mortales para engañarle y forzarle a deshacer el cambio.

  Lo más interesante del libro, sin embargo y donde Anne Rice centró sus esfuerzos, es el periodo que vive Lestat con un cuerpo humano y cómo llega a aborrecerlo. La comida y la bebida le provocan nauseas y cuando tiene que ir al baño cree caer enfermo ante lo que le parece un acto nauseabundo y vergonzoso; Explora la sexualidad, pero esta también le parece carente de interés, pues el placer es muy inferior al que sentía con la sangre, y en cambio tiene que soportar muchos inconvenientes; cae enfermo, pues no está acostumbrado a abrigarse ni a tomar precauciones. En definitiva, se da cuenta que aquello que había estado ansiando durante tanto tiempo no era el deseo de ser humano, sino el de volver a ser lo que era, el de volver a vivir aquella vida que le fue arrebatada.

 

  Tras esta, llega su último éxito literario y la última obra con derecho al mismo: Memnoch el diablo; obra en la que nos muestra su última perspectiva acerca de los vampiros. Lo curioso de esta obra es que se llame de un modo tan similar a Melmoth el errabundo y en ambas el diablo trate de tentar al protagonista mostrándoles escenas de horror.

En efecto, el propio diablo llega hasta Lestat. Pero no le ofrece la inmortalidad a cambio del éxito. Lestat ya tiene ambas. El diablo se ve forzado a tratar a Lestar como un igual, ya que su poder es inmenso, y lo que le propone es que colabore con él en su misión.

  Para ello le conduce al infierno, al purgatorio y al cielo. Le hace ver que no es el enemigo de Dios, sino que es su sirviente. Que no castiga a las almas de los malhechores, sino

que las prepara para su purificación, y que en definitiva ansía el bien y lucha por él.

  En todo momento Lestat desconfía de él y en muchas ocasiones lo manifiesta abiertamente. Sabe que es un servidor del mal, pero renunciar al mismo es para él un acto simbólico que le redimirá consigo mismo. Pero lo más interesante de esta obra no es esto, sino la idea de que en los cuatro libros anteriores Anne Rice había construido y desarrollado la idea de que los vampiros se sienten condenados y aborrecen su naturaleza, pero se aferran a ella porque les garantiza la inmortalidad. Cuando Lestat regresa y narra su historia, trae consigo una prueba irrefutable; el velo de Verónica, que coge del pasado, pues el diablo le ha conducido a ver de cerca la vida y pasión de Jesucristo.

  Ante esta prueba del más allá, de que existe el bien absoluto y un padre misericordioso que les perdonará y acogerá, muchos de los personajes que nos han acompañado durante toda la historia se inmolarán con la esperanza siquiera de entrar en el purgatorio para preparar su alma. Es la esperanza del bien contra el mal y la renuncia al último aunque ello suponga la renuncia a todo cuanto se posee. Es, pienso, una manera sublime de cerrar la

colección.

 

  Ahora viene la receta. La parte fea del artículo, la que nos habla de aquello que Anne Rice nunca debió de haber hecho, pero que sin embargo perpretó y la ha conducido a ser una escritora vilipendiada. Viene: ¿Cómo hacer un caldo con la gallina de los huevos de oro?

 

  No contenta con las más de cien mil copias vendidas y con el estilo de vida que había ganado, y no contenta con ser una de las escritoras más leídas del siglo y una de las figuras más respetada, ni de haber borrado con creces sus fracasos anteriores (hablo siempre a nivel literario. Cuando hablo de fracaso o éxito, jamás me refiero al número de ventas) continuó con una saga que ya estaba más que finalizada. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿No estaban muertos muchos de los vampiros y el resto habrá perdido su interés argumental?   Nada más fácil. Anne Rice emplea la misma técnica que emplea para estirar la saga tras la primera novela, es decir, todo era mentira.

  En efecto. Los vampiros que se han crucificado y esperado el amanecer para ser devorados con la luz del sol, eran, sin embargo demasiado poderosos para sucumbir, y ahora se ven forzados a una existencia inmortal hasta el fin de los días. Para ello, ya jamás se hará ninguna mención, pues resultaría embarazoso, al antiguo anhelo, ni al incidente

sobre el diablo.

  Además de esto, Anne Rice está carente de ideas. No sabe cómo continuar. Su protagonista ya lo ha hecho todo. ¿Cómo solucionarlo? Lestat está inconsciente por el shock y seguirá estándolo por mucho tiempo. Nos olvidamos de él y repasamos una a una la vida de todos los vampiros a un libro por personaje.

Para entender esta situación hay que saber que Anne Rice se sentía como una estrella del pop. No es una exageración. Su página web por aquellos días parecía más la de una adolescente histérica que adula a sus fans, que la de una escritora madura y consagrada; hace falta saber que cuando volvía de la iglesia cada domingo encontraba frente a su casa más de doscientas personas que la aclamaban como si fuera una gran figura de la televisión; y  hay que saber que ella decía cosas tales como que creía en los vampiros y que estaba enamorada de Lestat. Si además de eso vemos fotografías suyas de aquella época comprobaremos que vestía como una vampira. Es decir, fue victima de su éxito.

  Hasta este momento Anne Rice había escrito muchos fracasos, y tras una buena obra se había sentido inspirada para escribir cuatro más, pero había que ver si cuando volviera a escribir sobre otros temas y otros personajes, cuando, en definitiva, no pudiera apoyarse en sus personajes de éxito, seguiría escribiendo bien o volvería a ser aquella escritora sin talento ni imaginación, que fue. 

  Como decía, continuó con sus crónicas vampíricas, demostrando que no se había atrevido a aceptar el reto necesario que ante ella se imponía. ¿Y si mis fans dejaran de seguirme ahora que no hablo de vampiros? Con ese deseo y con ese índice de ventas, se dedicó a escribir; alguien que había necesitado dos o tres años por obra, una obra al año, desprovista visiblemente de talento, escrita claramente en cortas y rápidas sesiones, en las que ni si quiera se molestó una sola vez de repasar lo escrito, cayendo muchas veces en contradicciones y en narraciones inconexas y sin sentido.

  Pensaba que el éxito ya estaba garantizado, que por ser una estrella ya no era necesario esforzarse, y tras esto llegó su hundimiento. Los críticos hacían valoraciones nefastas de sus obras, que por otra parte, están todas cortadas por el patrón de Lestat el vampiro, y se parecen tanto las unas a las otras que, reflexionando, sería imposible referir a qué obra pertenece una escena dada; los lectores la criticaban con abierta hostilidad en los foros de Internet y ella estallaba en cólera ante sus fans. Había caído un mito, pero esto no es ni medianamente triste. Lo triste es que un escritor valore en tan poco su obra con respecto a lo que esta le ofrece, que maltrate y destruya la primera a favor de lo segundo.

  Los títulos que siguieron a la pentalogía no voy a molestarme en enumerarlos, pues no lo merecen y por otra parte son tantos, y sus intentos desesperados por salvar su obra enlazando las crónicas vampíricas con Las brujas de Mayfair, tan confusos y caóticos que es difícil seguirles la pista, y ante todo es un trabajo que no vale la pena hacer. Por otra parte soy partidario de resaltar los libros que son recomendables leer por su calidad y no los que carecen de ella.