Apuntes literarios

Entrevista a José Luís Romero Campillos, el genial escritor de Lágrimas de una eternidad carmesí.

  José Luís Romero Campillos es un escritor cuya sorprendente calidad técnica y su refinado y sugerente estilo, personalmente, consiguió reconciliarme con la literatura actual.

  Escribió Lágrimas de una eternidad carmesí, una obra que habría sido llamada, como mínimo, a ocupar un lugar en las estanterías de los escritores más exigentes, de haber sido publicada en las condiciones que merecía.

  Ahora ha tenido la gentileza de ofrecernos esta entrevista en la que nos ayudará a comprender un poco más, cual és la íntima relación entre un escritor y su obra.

 

¿Qué es lo más fascinante de incluir un vampiro, como uno de los personajes principales de una novela?


Llevaba bastante tiempo dando vueltas a la idea de escribir una novela cuyos personajes principales fueran vampiros. Previamente había escrito algunos relatos relacionados con la temática vampírica, pero mi sueño incumplido era elaborar una historia un poco más extensa y algo más profunda.

En mi opinión, la figura literaria del vampiro, permite, todavía hoy en día, la elaboración de diáfanas metáforas en relación con el ser humano y la sociedad, quizás algo manidas, pero con plena vigencia en la actualidad (la explotación de las clases más humildes a cargo de las económicamente poderosas, las adicciones, el sueño de la consecución de la eternidad...)

La búsqueda de la inmortalidad por parte del ser humano es algo que se encuentra en el inconsciente colectivo casi desde el principio de los tiempos. Creo que la lucha contra nuestro destino inamovible, la posibilidad de acabar algún día burlando a la muerte (como pretendían los alquimistas en su búsqueda de la piedra filosofal con el objetivo último de crear, a partir de su esencia, el tan ansiado elixir de la vida eterna), aunque sea a costa de provocar el sufrimiento de nuestros congéneres, es uno de los aspectos que definen nuestra fascinación de las historias relacionadas con el vampirismo. 

En la actualidad, nuestra esperanza de vida ha aumentado considerablemente, si la comparamos con la estimada años o siglos atrás, pero esa dilatación de la edad ha traído consigo, en la mayor parte de los casos, unas condiciones de vida mucho peores de las esperadas, con enfermedades e incapacidades asociadas a la edad avanzada (como la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de trastornos frecuentes en la tercera edad), que hacen de la existencia de la persona en esas últimas etapas de la vida un auténtico infierno.

Creo que ése es otra de las cuestiones que hacen que la condición vampírica nos resulte tan atractiva; el vampiro (salvo contadas excepciones), no envejece, se salta estas restricciones impuestas por el deterioro físico asociado a la edad y su organismo se mantiene joven a través de los años.

¿Lo más emocionante de incluir vampiros como personajes en la novela?

La posibilidad de tejer una narración con elementos, en mi opinión, tan sugerentes y fascinadores como los que se asocian habitualmente a dicha figura (seducción, romanticismo, sensualidad, oscuridad, perversión, horror, maldad en estado puro e inmortalidad, entre otros elementos afines al género).

 

La figura del vampiro ha evolucionado a través de los siglos, desde la brutal criatura, ávida de sangre de sus comienzos, hasta el refinado y seductor caballero de nuestro siglo, con un gran intelecto, gusto por las artes, y un pretexto filosófico muy sólido y muy bien argumentado. ¿Es el vampiro, necesariamente, un personaje maligno? ¿Es un juego de doble moral del escritor, el hecho de que se plantee la figura del vampiro, como la de una víctima atormentada, en medio del dolor y la muerte, que siembra a su alrededor?


“El vampiro” (J. W. Polidori) es el relato, atribuido en ocasiones erróneamente a Lord Byron, que sienta las bases, según los críticos, del vampiro como figura aristocrática y refinada, en contraposición con el ser monstruoso propio de las leyendas y relatos previos.

Pienso que la contemplación de la figura del vampiro como un ser esencialmente malvado o perverso tiene mucho que ver con nuestras consideraciones éticas y/o morales. Seguramente, la mayoría de nosotros/as saldríamos bastante mal parados si tuviéramos que contestar sinceramente a la siguiente pregunta: ¿Tenemos la suficiente autoridad moral para considerarnos “buenas” personas si tenemos en cuenta las implicaciones de algunos de nuestros hábitos alimentarios?

Somos muchos/as los que consentimos (en muchas ocasiones, incluso sin remordimientos) la matanza indiscriminada de animales para su posterior consumo (cuestión que a mí, particularmente, siempre me ha preocupado). No podemos afirmar que seamos demasiado excelsos, moralmente hablando            -aunque en nuestra vida diaria tratemos de comportarnos bien con otras personas-, cuando no intentamos buscar ninguna alternativa a la aniquilación de miles de millones de animales para garantizar nuestra subsistencia. El vampiro literario y cinematográfico es un ser que se considera distinto a los humanos, un depredador que ocupa un escalón superior en la pirámide alimentaria, por lo que, para él, las vidas de los humanos valen tanto como para nosotros/as las de los animales que comemos; simplemente se trata del alimento que le permitirá continuar viviendo.

Anne Rice amplió, como todos/as sabemos, esta concepción en “Entrevista con el vampiro”; Louis, uno de los vampiros de la novela sí se plantea el dilema moral que supone hacer morir a un ser humano para alimentarse con su sangre, añadiendo un elemento de reflexión en este tipo de historias, que, como he comentado anteriormente, sólo son, en muchas ocasiones, metáforas de aquellas cuestiones que nos preocupan.

 

 

Antiguamente, una historia que trataba de vampiros, casi necesariamente debía incorporar la figura del caza vampiros. Era la lucha del bien contra el mal lo que se representaba. Actualmente, es el vampiro el que representa al bien y al mal a un tiempo. ¿Es este, un síntoma de que la sociedad cándida de entonces ha muerto, gracias a las revoluciones sociales, y se ha impuesto el dualismo del ser humano como verdadero protagonista? ¿Significa más bien, que el acceso a la información de que disponemos, o quizá la manera de manejar dicha información, ha imbuido al hombre de nuestro siglo, de un pesimismo fatal?


Estoy convencido de que todos nosotros representamos esa dualidad a la que te refieres, aunque tratemos de inclinar la balanza en uno u otro sentido. Todos tenemos nuestro lado “oscuro”, el que hace que causemos daño (y me refiero más al daño psicológico que al físico) en ocasiones, aunque sea de forma totalmente inconsciente, a personas a las que apreciamos o queremos.

 

 

¿Representa un vampiro, la imagen del hombre, como un ser despiadado y atormentado, quizá incluso perplejo ante la vida, o es simplemente la evolución de la idea del mal, ante la que el hombre debe estar alerta?


A mí me gusta más la primera de las afirmaciones, como ya he señalado en una de las preguntas anteriores, aunque en mi opinión, uno de los mayores atractivos del personaje vampiríco es su condición de amoralidad, y por tanto, su encarnación del lado oscuro del ser humano, de esa “maldad” de la que hablábamos antes.

 

 

Como creador de un personaje vampírico para tu novela, ¿qué consideraciones tuviste en cuenta para desarrollar, tanto su personalidad como su trasfondo?


En “Lágrimas de una eternidad carmesí”, dos de los personajes principales, los hermanos Álesar y Siddahia, son vampiros. Asigné personalidades contrapuestas a estos dos personajes; Álesar no decide voluntariamente el cambio en su condición, y, al igual que Louis (de “Entrevista con el vampiro”), odia tener que asesinar a otras personas para alimentarse. En él predomina la consideración del “bien”, aunque tampoco se preocupa de buscar alternativas para su alimentación.

Siddahia, representa lo contrario; ella ha vivido una juventud dura, en la que no han faltado los abusos familiares, y en este momento de su vida no hay cabida para las consideraciones éticas o morales; simplemente goza de un privilegio que no está al alcance de los humanos y no le importa actuar de forma que la sociedad consideraría inmoral, pues, ante cualquier otra consideración, lo primero en su escala de valores es su propia supervivencia y la imposición de su voluntad ante los demás..

 

 

¿Qué novelas vampíricas deberían formar parte de la cabecera de un amante de la literatura oscura?


Bueno, no voy a resultar demasiado original en este punto. Creo que nadie interesado/a en las historias de terror gótico para adultos protagonizadas por vampiros/as debería perderse las dos obras cumbre del género: la sorprendente “Carmilla” (1872), de Sheridan Le Fanu, y, evidentemente, “Drácula” (1897), de Bram Stoker.

Si tuviera que realizar alguna recomendación, aparte de los títulos ya mencionados, me inclinaría por “Entrevista con el vampiro” (Anne Rice), “Simón y Sophie” (Juan Antonio Maesso), “Lost Souls” (Cuyo título fue traducido al castellano como “La música de los vampiros” o “El alma del vampiro”, de Poppy Z. Brite), “Sueño del Fevre” ( George R. R. Martin), “El misterio de Salem´s Lot” (Stephen King), “Claire Afterlom” (Julián Morillo),  o “Marionetas de sangre” (Juan Díaz Olmedo). También me gustó mucho “Ella, Drácula”, de Javier García Sánchez, aunque dicha novela no trata específicamente el tema del vampirismo, se trata en realidad de una recreación literaria de la vida y crímenes de la legendaria condesa húngara Erzsébet Báthory.

 

 

¿Qué escritores te han marcado profundamente? En tu opinión, ¿cuáles han podido dejar su huella impresa en tu estilo?


Tampoco voy a ser original contestando a esta pregunta; en el ámbito de la literatura gótica y/o de terror, siempre me han fascinado, como a la mayor parte de aficionados/as al género, Poe y Lovecraft, aunque, por desgracia, creo que lo único que he heredado de ellos (sin llegar, evidentemente,  a su grado de  genialidad), es el estilo arcaizante, barroco y sobreadjetivado de muchos de mis textos, y la recreación de atmósferas angustiosas y opresivas.

Creo que algunos de los planteamientos de Anne Rice también están presentes en mi forma de entender la literatura vampírica. Una última influencia, consciente o inconsciente, es la de otro de los grandes genios de la literatura gótica y de terror; Julio Ángel Olivares Merino, un autor jienense que convierte las historias de vampiros en pura lírica poética de alta calidad, repleta de oscura y mórbida sensibilidad.

 

 

¿Hay sitio en las editoriales, para escritores noveles de tu abrumadora calidad técnica? ¿Hay sitio para la literatura oscura?


Bueno, ante todo, gracias por el inmerecido halago.

Parece ser que no hay un término medio; por lo que he podido comprobar, para que tu manuscrito sea aceptado en el catálogo editorial de una editorial,  o eres un escritor cuyas obras presentan una calidad contrastada, o te dedicas a escribir “best-sellers” (imagino que habrá excepciones, pero por lo general, la cosa parece funcionar así) . Pienso que a los responsables de las editoriales no les interesan aquellas obras que no cumplen uno u otro requisito, así que, por el momento, aquellos de nosotros/as que intentamos apartarnos de uno u otro camino y tratamos simplemente de dotar de una cierta dignidad a nuestros escritos, seguiremos sin tener cabida en el mercado editorial convencional.

Preguntas si hay sitio para la literatura oscura; yo creo que, aunque sea a un nivel reducidísimo, sí, lo hay. Al menos, eso espero...

Aun así, siempre hay excepciones que confirman la regla. Ahí tenemos el caso de Stephen King.

 

 

¿Tendrán futuro los libros digitales?


Imagino que te refieres a las obras literarias en formato digital.

A mí me gustan menos que los libros de toda la vida, porque no tengo lector de libros digitales, pero creo que, una vez disponga de uno, mi consideración cambiará bastante.

¿Tendrán futuro? No lo sé, pero pienso que, dadas las prestaciones de los nuevos lectores, sí que habrá mucha gente que se pase a dicho formato, o que, cuanto menos, alternará su uso con el del libro tradicional en formato papel.

 

 

¿Cuál es el futuro de los escritores noveles?


El de muchos de nosotros/as, el anonimato de nuestras obras...