Alcachofa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  No es mi intención levantar un agrio y polémico debate entre los defensores y detractores de la alcachofa. Me mueve sin embargo, a publicar esta métrica rota e inefable, algo más antiguo que el hombre, y por tanto, más antiguo que el mal. Esto es la oscuridad primigenia, de donde nace todo lo bello y todo lo espantoso. Es una idea que se muestra como un pequeño lamento al principio, pero que finalmente clama en busca de la justicia. De otro modo, jamás me hubiera atrevido a abordar tan controvertido tema.

  Sucedió que, algunos años antes de que mis inquietos dedos aporrearan las siguientes palabras, solía esperar a mi novia en un céntrico bar de Valencia. Aquel bar fue testigo de la expresión de los anhelos más íntimos del hombre, transformados, en aquella ocasión, en profundos suspiros, que se daban, invariablemente, cada vez que miraba el reloj y advertía que aún faltaba demasiado tiempo para reencontrarme con la que ocupaba toda mi mente. Sin embargo, a pesar de la inquieta abstracción en que me hallaba en aquellas ocasiones, no pude dejar de observar algo terrible.

  Desde el comienzo de los tiempos, se ha quebrado la razón de incontables personas, y ahora son una miríada de lamentos atormentados, grabados para siempre en el archivo acásico.

  Sé que mucha gente terminó dando cabezazos en una pared acolchada, por mucho menos de lo que yo vi en ese lugar maldito. Es por eso, que desde el primer instante temí por mi cordura. Incluso hoy, mientras les escribo, no puedo dejar de preguntarme cuánto de ella dejé allí.

  Vi un demonio engalanado de princesa, arrastrando sus pústulas supurantes por el suelo, y vi también cómo todos los presentes le hacían la corte día tras día.

  En aquel bar se servía la alcachofa con total impunidad; con todo tipo de disfraces, ¡incluso desnuda!

  Así desfilaron ante mí, durante aquellos aciagos días, platos y platos de alcachofas, preparados de todas las maneras que alguna vez concibió el hombre.

  Jamás pude explicarme a qué se debió aquella atroz ruptura con el buen sentido.

 

  En este escenario, y bajo aquel enigma irresoluble, recuerdo aún cómo alcé el puño y juré venganza. Después de eso jamás volví, pero compuse este pequeño y desgarbado verso, en memoria de aquel bar, de aquellos días y de la dulce e inquieta espera del amante, por su amada.

 

 

En este día sombrío,
de incertidumbre y pesar,
lloro más que río,
al recordar el motivo,
que a este santo lugar,
me atrajo con mis quejas,
de felicidad y demás promesas,
incumplidas con vilipendio,
por rampante maldad,
que como el fuego del incendio,
lame la carne del condenado.

 

Aquello de lo que voy a hablar,
aquello que sigue, está comprobado,
no es mentira, sino verdad,
aquello que oprime al hombre,
sin dejarle respirar,
aquello que de frío deja helado,
que de falta causa hambre,
aquello digo, es de lo que voy a hablar.

 

Alcachofa, qué parca eres,
Alcachofa, qué mala estás,
insultas mi apetito,
en mi basura pereces,
los gusanos te repelen,
mis labios no te probarán.

 

Alcachofa, qué austera eres,
Alcachofa, qué mala estás,
en convento te criaste,
gustar no puedes,
amor no sabes dar,
si estás en la carta,
te crees célebre,
y cuando buscas, dices,
suerte ingrata,
si en ella no estás.

 

Alcachofa, qué áspera eres,
Alcachofa, qué mala estás,
tu mención es insulto,
insultas a la gente,
insultas al paladar,
arrojas infecto esputo,
a quien se para a saludar.

 

Alcachofa, qué insulsa eres,
Alcachofa, qué mala estás,
te desprecian los pobres,
a las ovejas haces balar,
infectas platos, ollas y sartén,
de tan mala que eres,
de tan rancia que eres,
eres pobre sostén.

 

Alcachofa, qué petulante eres,
Alcachofa, qué mala estás,
siempre acompañada de sustancias mejores,
siempre engañando,
siempre en tu disfraz.

 

Alcachofa, qué ofensiva eres,
Alcachofa, qué mala estás,
y si alguien me tiene que decir,
que no es aquello, sino otra cosa,
diría yo, así debe de ser,
deja lo bueno para mí,
con carcajada jocosa.

 

Alcachofa, qué hostil eres,
Alcachofa, qué mala estás,
y si alguien se pregunta,
el por qué de tan glorioso himno,
diría, me gusta lo bueno,
lo malo me disgusta,
no soy rey pero tampoco peregrino,
y ante todo diré y gritaré,
por favor, no quiero alcachofa para cenar,
no hagas alcachofa, oh triste sino,
haz cualquier otro menester.